
Por Modesta
Hace unas semanas, disfrutamos de una excursión al Valle del Jerte, aquí os dejo una pequeña crónica del paseo.
La excursión fue muy bonita, sobre todo para los amantes de la naturaleza; aunque lo cerezos no estaban en todo su esplendor, pudimos apreciar, con un poco de imaginación, lo que será el valle en su floración máxima.
Yo, como extremeña y amante de naturaleza, aunque llevo afincada en Ajalvir 34 años, disfruté mucho con la visita.
Se notó la falta de lluvia, pues el valle no estaba verde, que es lo que hace resaltar la flor, y quizás faltó recorrer a pie algunos rincones más de los que Extremadura, la gran desconocida, posee; pero eramos muchos y eso dificulta un paseo más largo. Aun así, pudimos disfutar de una pequeña muestra de las maravillosos lugares que posee esa región.
A mediodía, degustamos una estupenda comida en el “Rincón Extremeño”, en Plasencia, un restaurante muy acogedor y bastante amplio para albergar en un mismo salón a todos lo que íbamos en el viaje. 
Por la tarde, visitamos Plasencia, una de las ciudades más emblemáticas de Cáceres. Conocimos su Catedral, o mejor dicho, sus dos catedrales, la antigüa y la nueva, ambas unidas. Pudimos visitar la más antigüa, la de Santa Maria, y el claustro y la capilla de San Pablo.
La construcción de la Catedral comenzó en el siglo XIII, época de transición del Románico al Gótico, lo que se nota en su arquitectura. Lo más destacable es que sus paredes estuvieron cubiertas por una espesa capa de cal desde el siglo XVIII; más tarde dicha capa desapareció y hoy se puede apreciar todo el esplendor de la piedra.
Después recorrimos la ciudad con un guía y pudimos comprobar el paso de los siglos reflejados en sus calles y monumentos.
Para todos fue un día muy ameno, de buena convivencia, y esperamos que se vuelva a repetir pronto.